Nietzche expuso en el anticristo el más vigoroso argumento no sólo contra a teología, sino también contra la metafisica: que las esperanza es confundida con la verdad; que la imposibilidad de vivir feliz o simplemente de vivir sin pensar en absoluto no presta legitimidad al pensamiento. Refuta a los cristianos la "prueba de la fuerza", según la cual es la fe es verdad porque produce la bienaventuranza (. . .) Pero fue el mismo Nietzche el que enseñó el amor fati, el "debes amar a tu destino". Ésta es, como dice en el epílogo al crepusculo de los idolos, su naturaleza más intima. Y habría entonces que preguntarse si existe algún otro motivo que lleve a amar lo que a uno sucede y afirmar lo existente porque existe que el tener por verdadero aquello que uno espera ¿No conduce esto de la existencia stubborn facts a su instalación como valor supremo, a la misma falacia que Nietzche rechaza en el acto de derivar la esperanza de la verdad? Si envía al manicomio la "bienaventuranza que procede de una idea fija", el origen del amor fati podría buscarse en el presidio. Aquel que ni ve ni tiene nada que amar acaba amando los muros de piedra y las ventanas enrejadas. En ambos casos rige la misma incapacidad de adaptación que, para poderse mantenerse en medio del horror del mundo, atribuye la realidad al deseo y sentido al contrasentido de la coerción. No menos que en el credo quia absurdum se arrastra a la resignación en el amor fati, ensalzamiento del absurdo de los absurdos, hacia la cruz frente a la dominación. Al final la esperanza, tal como se la arranca a la realidad cuando aquélla niega a ésta, es la única figura que toma la verdad. Sin esperanza, la idea de verdad apenas sería pensable.
Grupo de Estudio
miércoles, 9 de marzo de 2011
domingo, 6 de marzo de 2011
Beatriz Sarlo II parte
Williams es un desplazado e incluso cuando su centralidad es casi indiscutible, en las décadas del setenta y el ochenta, recuerda siempre su diferencia, la especificidad cultural de su origen de clase. Por otra parte, a lo largo de su vida, impulsado probablemente por una ola de recuperación de los rasgos culturales regionales, Williams se vuelve "más galés" de lo que había sido a finales de los años treinta, cuando llegó como estudiante a Cambrige.
Hay algo en ese origen en el pueblo de Pandy, a lo que Raymond Williams vuelve. Una fotografía, publicada sin fecha pero de mediados de los ochenta, lo muestra recostado contra el cerco de madera, de una estación ferroviaria muy pequeña y, en el fondo, se ve el edificio también de madera, con dos tiras de ventanas, de la cabina del señalero. Williams revisita el lugar de su padre, emblematizado en los signos de la condición obrera en el marco del mundo rural. Trabajo obrero, cultura sindical, escuela, partido laborista, política, por una parte. Comunidad campesina en decadencia, situación marginal, en el límite Gales e Inglaterra, por la otra. En la foto, Williams se recorta contra el lugar de su campo. Idas y vueltas: de la aldea a Cambridge, gracias a una beca creada por el laborismo; de Cambridge a la educación de adultos, ese vasto laboratorio social también laborista, donde Williams enseñó varios años; de allí, finalmente, de nuevo a Cambridge, en cuyas cercanías vivió, en una aldea rural. Los desplazamientos de un personaje que desde el margen cultural del país de Gales adquirió, en las décadas anteriores a su muerte, en 1988, una centralidad evidente, sobre todo en el debate cultural de la izquierda británica.
Como lo demostró siempre, tanto en Marxism and Literature como en Culture, Williams es, antes que un marxista, un materialista cultural. Lo que esto quiere decir podría parecer o demasiado sencillo o enigmático si no se lo sitúa en el marco de las décadas discursivistas y estructuralistas de los sesenta y los setenta, años de crítica del sujeto y devaluación teórica de la experiencia. Una y otra vez, durante esos años, Williams insistió en el componente material de la dimensión simbólica, en la base material, física y corporal de la experiencia. Dio vueltas alrededor de una idea, la de "conciencia práctica", que le permitió superar el dualismo entre la praxis material social, los sistemas de ideas y significaciones y la construcción de sentidos en (y de la) la experiencia.
Continuara......
domingo, 20 de febrero de 2011
Nuevo cronograma
Vamos a darle un día más a la primera parte para que podamos discutirla mejor y volvemos sobre Weber.
Reunión el martes
Nos vemos el martes para empezar Raymond Williams. Voy a hacer los arreglos respectivos en el cronograma.
Por favor, avísenle a todo el mundo.
Sobre Raymond Williams (Beatriz Sarlo introducción a El campo y la ciudad)
La dedicatoria de este libro menciona a los "trabajadores rurales" que fueron los cuatro abuelos de Raymond Williams. Esta inscripción biográfica invita a detenerse. Williams revisto frecuentemente sus orígenes, no solo en sus libros de ficción (desconocidos en castellano) sino en lo que podríamos llamar la "novela familiar" de su actividad cono crítico e historiador. La primera fase de Politics and letters, es un exhaustivo reportaje de más de cuatrocientas páginas, sirve como una revelación del lugar donde había nacido en 1921:
"Vengo de Pandy, una aldea predominantemente agrícola, de estructura rural típicamente galesa; las granjas son pequeñas unidades familiares. Mi padre empezó a trabajar, de niño, como peón de granja. Pero el valle estaba atravezado por el tren y, a los quince años, consiguió un empleo de chagarín ferroviario, que mantuvo hasta que entró en el ejercito en la Primera Guerra Mundial. A su regreso fue ayudante de señalero y, más tarde, señalero. De modo que crecí dentro de esta particular configuración, una trama rural de pequeñas granjas, entretejida con otro tipo de estructura social a la que pertenecían los trabajadores del ferrocarril. Ellos estaban sindicalizados y podían percibir un sistema social más vasto, situado fuera de los límites de la aldea. Pero, al mismo tiempo, formaban parte de la comunidad inmediata, con sus típicas granjas familiares. Todo el tiempo recibíamos cierta presión del este, es decir, desde Inglaterra, porque estabamos justo en el límite donde empezaba la vida rural diferente, con grandes casas de campo cuyos propietarios eran ingleses que habían vuelto de la India. Pero esa presión, de todos modos, era muy marginal y externa"
Este comienzo de Politics and letters es el suelo biográfico sobre el que creció el proyecto de The country and the city "una obra que a Williams le costó mucho terminar porque sus temas lo tocaban hasta la medula" (Egleaton, 8, 1998).
Como otro de los fundadores británicos de lo que hoy se llaman estudios culturales, me refiero a Richard Hoggart, tambien Raymond Williams encontró en el enigma autobiografico un impulso. Quien haya leído the uses of literacy de Hoggart reconocerá, casi cuarenta años despues en su autobiografía, y también antes en varios ensayos de Speaking to each other , un conjunto de evidentes coincidencias en el objeto que Hoggart presentó en todos estos trabajos diferentes: la cultura obrera leída desde los recuerdos de infancia de una casa obrera al norte de Inglaterra. En el caso de Williams, estas coincidencias son menos literales, para decirlo de algún modo, ya que la perspectiva de The country and the city no es etnográfica, como en el caso de Hoggart, sino histórica.
Pero ambos, llegados desde familias de clase baja a la universidad inglesa, reducto en los años treinta de las Middle classes; ambos, niños y adolescentes becados por el sistema que el laborismo había creado como parte de su programa de extensión de derechos y oportunidades, sienten la extranjería que los marca como recién llegados. Williams recuerda, en Politics and letters, que cuando trató de asociarse a la student union de la universidad (algo que le parecía completamente natural, entre otras cosas porque la palabra union era la misma que se usaba para designar al sindicato obrero) le comunicaron que debía ser presentado por alguien. Ante su perplejidad, le preguntaron si no conocía a nadie de la escuela, es decir de los años más inmediatos, que para casi todos, en Cambridge y, de estarlo, de todos modos hubiera sido perfectamente inútil.
Este choque entre culturas, al que Williams siempre atribuyó un cambio en su carácter (de una energía abierta y dispuesta a una actitud reservada y problemática) fue traducido, reelaborado y criticado en toda su obra. La huella de una diferencia no debió buscarla Williams en los protocolos metódicos de una investigación. Antes que en ellos, la distancia social y cultural estaba inscrita en el choque de una cultura campesina y obrera con el estilo prescrito por la educación aristocrática de Cambridge que, páradojicamente, en los años treinta, tuvo también un ingrediente izquierdista y comunista.
Continuara....
lunes, 14 de febrero de 2011
Sobre el manifiesto
Hola gente. Les dejo las preguntas que, según creo, podrían direccionar la reflexión del grupo de estudio. Recuerden que no podemos discutir los textos en extenso, la idea es introducirnos en el problema teórico del marxismo. Yo quisiera que nos centráramos en el político y el científico ya que es un texto menos conocido que el manifiesto.
1- ¿Cuál es la relación entre secularización, cosificación y trabajo?
2-¿Cómo se vinculan el estado moderno y la burguesía?
3-¿Relaciones entre expansión del capitalismo y literatura universal?
4-¿Cómo se entiende la frase acerca de que el Burgués crea su mundo a imagen y semejanza?
5-Tener en cuenta cómo se vinculan las ideologías a las concepciones objetivas.
6-La primera parte del manifiesto sigue siendo irrefutable pero ¿qué otros fragmentos no parecen encajar en la descripción de lo que sucede hoy en día?
Si alcanzó hoy en la noche les dejo las preguntas sobre Weber. Sobra decir que en comentarios pueden ampliar o proponer otras preguntas.
un abrazo
ADMON
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